viernes, 19 de febrero de 2016

Este Paréntesis Se Parece A Un Adiós

Siempre que alguien pide un tiempo muerto en una relación, lo más difícil es cumplirlo, dar realmente esa distancia que el otro necesita. Nos cuestan los paréntesis, porque no entendemos si estamos juntos o no, ni sabemos qué hacer nosotros, porque es como si nos hubiéramos quedado en el botón de pausa, mientras el otro se busca a sí mismo. En esta situación se encuentra una lectora de Código Nuevo que ha escrito a la redacción confusa por no saber cómo afrontarla.

Claro que dan ganas de llamarle, de escribirle un whatsapp para saber cómo está o de presentarse en su casa como hacíamos siempre antes de que el árbitro pitase esta inesperada media parte. También nos asaltan dudas de si tiene sentido esperar, quedarse en punto muerto en vez de seguir avanzando, incluso abiertos a empezar algo en otro lugar.

Nos asaltan infinitas dudas sobre qué pasaría si… El mundo de los “y si” se abre a nuestro paso, con infinitas posibilidades que nos desbordan por completo. ¿Y si se va con otra y yo me quedo esperando demasiado tiempo? ¿Y si rehago mi vida, y después él quiere volver? ¿Y si lo que necesita no es tiempo, sino alejarse de mí?…

La situación de paréntesis no puede ser eterna en una relación. Después de un tiempo razonable, o cuando humanamente no se pueda aguantar más, uno de los dos debe convocar al otro para decidir valientemente si seguir adelante o dejarlo de forma definitiva. Porque no podemos tener a una persona en vilo eternamente mientras esperamos la inspiración divina. Si miramos realmente en nuestro interior sabemos la respuesta y siempre la hemos sabido, la duda es solo una ilusión que esconde algún tipo de miedo.

No podemos controlar el pasado, ni controlar a los demás. Así que debemos tomar el control de nuestra vida, frenar ese pensamiento inútil sobre lo que pasaría o pudo haber pasado, y aprovechar la oportunidad que nos ha puesto la vida de mirar dentro de nosotros mismos. Tal vez lo que parece una desgracia más tarde se transforme en un regalo. Eso, precisamente, solo nos lo dirá el tiempo, que también nos puede hablar a nosotros.

Más vale seguir caminando, no dejar que nadie ni nada ponga nuestro reloj en pausa. Tendría poco sentido que alguien, para buscarse a sí mismo, hiciera a otro perderse. La vida no es un juego de suma cero, donde para que uno gane otros deben perder. Todos podemos ganar, convirtiendo las crisis en oportunidades.

Quizá sea el momento de aprender algo, de conocer nuevas personas, de mirar viejas fotos, de viajar, de pasar más tiempo con tu familia o amigos, de cultivar esa afición que tenías abandonada por falta de tiempo, o de apostar un poco más por tu carrera profesional. Este tiempo también es para ti, que te mereces todo el tiempo del mundo, y que de momento tienes un tiempo maravilloso delante de ti, que no sabes cuánto durará. Con paréntesis o sin ellos, la vida sigue, y tú eres el protagonista de esta peli.

Como decía Charles Chaplin: “El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto.”

Los Besos No Se Piden, Se Dan

Hay muchos tipos y formas de besos: besos apasionados que hacen que se pare el reloj, besos fugaces de diario, besos de reconciliación untados en lágrimas o besos que son solo el preámbulo de mucho más. Pero hay un tipo de besos que deberían estar prohibidos: los besos de obligación, los rutinarios, los que responden a una queja pidiendo un beso con disgusto de no haberlo obtenido.

Los besos, como los abrazos, no tiene sentido pedirlos, porque lo que los hace especiales es que sean espontáneos, que la persona haya decidido darlos porque sí. Es como cuando nos hacen un regalo por compromiso, que no hace la misma ilusión, por espectacular que sea lo que nos hayan comprado.

No es nada divertido cuando ves una película con alguien que ha decidido acompañarte porque a ti te gusta, pero sabes que no le interesa para nada. Con los besos en realidad nos pasa lo mismo, que no nos saben igual si se dan sin ganas, si notamos o sabemos que el otro no lo está disfrutando tanto como nosotros.

Lo irónico es que a veces pedimos un beso a quien no quiere darlo, por ejemplo, nos encantaría que esa chica sintiera lo que sentimos, o un día cualquiera con la pareja, quisiéramos que en ese momento tuviera las mismas ganas que nosotros de una tarde de besos y sofá. Llega San Valentín, y a algunos nos invade la presión social de que sea una noche única. Perdemos la naturalidad, la magia de lo espontaneo y auténtico. Olvidamos que los mejores besos son los besos improvisados, los inesperados… y que la única forma de que un beso merezca la pena es que los dos lo busquen y el beso suceda.

Más vale dar y recibir besos de calidad, besos de verdad. San Valentín es todos los días, cada vez que nos apetece dar un beso sin motivos. Esos besos que no das tú ni doy yo, sino que damos nosotros, porque en el espacio-tiempo se entremezclan tu voluntad y la mía de forma perfecta, creando esa simbiosis que nos llena mucho más incluso que el puro intercambio salival.

¡La vida es demasiado corta para los besos a medias, los besos sin ganas!

Afrodisíacos: Comer y Follar, Todo Es Empezar

¿Los afrodisíacos son un mito o aumentan de verdad el apetito sexual? Científicamente no está muy claro que haya alimentos que nos pongan calientes. Algunos nos sugieren escenas subidas de tono por el modo en que se comen, como los plátanos, o por la similitud con los genitales, como higos, ostras, papayas, espárragos, etc. Y es que a veces, saber que un alimento tiene fama de cachondos ya nos condiciona.



Otras, solo el hecho de compartir la preparación de la comida puede ser un buen juego erótico: rellenar un pavo con las manos o amasar un pan a medias suena primitivo y sucio. Como el sexo. Porque nos pone, porque es emocionante y distinto y porque todos hemos visto ‘9 semanas y media’ y hemos querido hacer algo parecido aunque finalmente resultáramos un poquito torpes.

¿Pero entonces hay alimentos que nos pongan a tope como tal? ¿O está todo en nuestra cabeza? Pues voy a comprobarlo. A partir de este momento pasaré un fin de semana comiendo alimentos considerados afrodisíacos para ver si el lunes acabo haciendo más guarrerías de lo normal.



Sábado: primer día del experimento

Bol de yogur con avena, plátano y miel

No veo cómo un yogur puede poner a tono, a no ser que lleve como topping Viagra picada. Pero los plátanos tienen vitamina B y potasio, importantes para la producción de hormonas sexuales y dar energía. Como la miel, que libera energía lentamente y ya se usaba en la Edad Media para aumentar la potencia sexual. Por algo se le llama ‘Luna de Miel’. Yo lo he probado y me he puesto de cantidad bien. Que no se diga.



Ostras

Un buen plato de ostras ha abierto más piernas que muchos ginecólogos. Pero para este reto tenía claro que con mi sueldo de nimileurista no podía permitírmelas. El marisco en general es muy rico en zinc, mineral fundamental para la producción de testosterona y estrógenos. En mi caso he comprado clóchinas, un molusco parecido al mejillón que, además de un montón de propiedades, tiene un nombre bastante sugerente. ¿Cochinadas? Sí, por favor.

Aunque hay alimentos con sustancias nutricionales que ayudan a potenciar el deseo sexual, en principio no hacen milagros. Los alimentos que contienen arginina (que actúa como vasodilatador aumentando el flujo sanguíneo a los genitales ), triptófano (considerada la ‘hormona del placer’) y magnesio (que el cuerpo transforma en testosterona y estrógenos) pueden suponer una ayudita extra para entrar en materia. Pero de nada sirve cascarte un kilo de ostras si a ti no te apetece sudar de lo lindo en la cama.

La actitud hace mucho. Por eso, cualquier alimento puede ser afrodisíaco. Recuerda que el órgano sexual más importante es el cerebro. Las fresas con nata servidas en la comida familiar de los domingos delante de tu tía abuela como que no ponen nada. Ofrecerle a tu pareja una fresa con la boca y mojar después el dedo en la nata para que te lo chupe ya suena diferente, ¿no?

Domingo: segundo día del experimento

El batido del amor

Junta en un vaso melocotones (con vitamina C para incrementar la líbido, lo que hará que te enciendas más rápido), avena (que mejora el riego sanguíneo hacia el clítoris y contiene arginina, usada en los tratamientos contra la disfunción eréctil) y zumo de arándanos (esta fuente de antioxidantes es un diurético natural que ayuda a deshincharse, para no preocuparte mientras estás en faena de si se te ve gorda la tripa).



Rollitos de canela con chocolate caliente

La canela estimula el riego sanguíneo en la zona abdominal y los genitales (alargando la erección), pero con la pizca que le eches al arroz con leche no vas a notar nada. El chocolate negro (mínimo 70% de cacao) contiene feniletilamina, una sustancia que provoca euforia al liberar endorfinas y serotonina, estimulantes que aumentan la dopamina, lo que brota en tu cerebro cuando tienes un orgasmo.



Domingo por la noche: evaluación final

Pues sí, llegado el domingo mi orgía culinaria ha acabado. ¿Que si me he sentido indiferente? Quizás sí, pero es que tampoco tengo la costumbre de ir monitorizando minuto a minuto mi libido. Tampoco he estado subiéndome por las paredes, pero sí diría que más receptiva sí que he estado.

Conclusión: mi experimento como cocinillas lujuriosa no me ha convertido en una desenfrenada máquina sexual pero he comido mejor y más variado. Eso ha hecho que esté más feliz y más contenta. Y eso, en el catre, se nota. 

jueves, 11 de febrero de 2016

La fantasía sexual favorita de las mujeres

Un equipo de investigadores de la Universidad de Montreal (Canadá) ha querido averiguar cuál es la fantasía sexual que más se repite por parte de las féminas. Las conclusiones del estudio han sido publicadas en la revista The Journal of Sexual Medicine.



Para ello, contaron con la participación de 1.500 personas, quienes tuvieron que rellenar un cuestionario acerca de sus predilecciones en temática sexual. La comparación de los datos dio como resultado que entre el 50 y 60% de las encuestadas estaban de acuerdo en que su fantasía sexual favorita sería recrear la historia de la famosa trilogía de literatura erótica “50 Sombras de Grey”, esto es, un escenario en el que eran en cierto modo empujadas a someterse a una pareja sexual: convertirse en una sumisa como Anastasia Steele con el Sr. Grey.



“Las personas que tienen fantasías de sumisión también muestran a menudo deseos de dominación. Estos dos temas, por lo tanto, no son excluyentes, sino todo lo contrario”, explicó Christian Joyal, líder del estudio.



Las fantasías sobre sadomasoquismo son muy comunes tanto entre hombres como entre mujeres e históricamente han sido denominadas como conductas sexuales “desviadas”. De cualquier forma, lo importante en este aspecto, subrayan los autores, es que si el acto sexual es violento por naturaleza pero no ha sido consentido por alguna de las partes implicadas, no solo es una señal de comportamiento psicopatológico, sino que también entraña la comisión de un delito.

Todos malinterpretamos las señales del sexo opuesto

En el común escenario de una charla entre un hombre y una mujer en la que esta se interesa por el tema, sonríe y es amable, él lo que cree es que existe un interés sexual. ¿Te suena? La situación al contrario es la misma: un hombre que se siente sexualmente atraído por una mujer que acaba de conocer y le muestra diversas señales pero ella piensa que únicamente está tratando de ser amable. Ambos, hombres y mujeres, malinterpretamos esas “señales” o “pistas” del sexo opuesto, según un reciente estudio del Departamento de Psicología de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología (Noruega) y que recoge la revista Evolutionary Psychology.



Uno de los temas en los que los psicólogos evolucionistas están especialmente interesados es en la psicología sexual de género entre las culturas y los grupos sociales. “La aptitud reproductiva de un hombre, es decir, la cantidad de descendencia que produzca, depende de la cantidad de mujeres a las que él es capaz de dejar embarazadas. Pero esa actitud no funciona para las mujeres”, explica Mons Bendixen, coautor del estudio. De hecho, el riesgo de un embarazo con el consecuente parto, lactancia y crianza del mismo, ha hecho que la psicología de la mujer -a través de miles de generaciones- haya evolucionado a poner el listón más alto; lo que significa que ellas necesitan señales mucho más claras que los hombres antes de considerar mantener relaciones sexuales.



Para su estudio, los investigadores contaron con 308 participantes heterosexuales (siendo el 59% de ellos mujeres) con edades comprendidas entre los 18 y los 30 años. La mitad de las mujeres y el 40% de los hombres estaban manteniendo una relación sentimental en el momento del estudio. Todos ellos realizaron un cuestionario con idénticas preguntas al estudio realizado en EE.UU. en 2003 con idéntico fin. Los resultados fueron idénticos a los del estudio americano: tanto hombres como mujeres explicaban que sus señales sociales eran malinterpretadas por el otro, pero en el caso de los hombres, estos eran los que más veces malinterpretaban las señales.



“Los resultados no son una sorpresa, visto desde una perspectiva evolutiva-. Lo fascinante es que nuestros resultados son idénticos a un estudio realizado en los EE.UU., a pesar de que Noruega es uno de los países sexualmente más liberales que la mayoría en igualdad de género en el mundo. Este hecho debilita alegaciones alternativas sobre que los roles sociales de hombres y mujeres en diferentes culturas determinan su psicología en estas situaciones”, aclara Bendixen.

¿Cuántas veces al día pensamos en el sexo?

Sin embargo, esta contabilidad es claramente una exageración, a raíz de algunos estudios recientes. De hecho, los pensamientos sexuales no son tan frecuentes como se cree, aunque es difícil dar una cifra exacta. Las investigaciones disponibles arrojan números inferiores a los que tenemos en mente cuando hablamos del asunto. Según un estudio de 2011 de la Universidad Estatal de Ohio, que aplicó unos contadores a los participantes, los hombres piensan en el sexo diecinueve veces al día, y las mujeres, diez. Por su parte, una encuesta llevada a cabo por el psicólogo social Wilhelm Hofmann para la Booth School of Business registra cifras incluso menores. En todo caso, estamos lejos del manido “los hombres siempre están pensando en lo único”.

¿De dónde viene entonces la idea de que los pensamientos eróticos son omnipresentes? La psicóloga Terri Fisher, directora del citado estudio realizado en internet junto a su equipo de investigación de la Universidad Estatal de Ohio, aventura una hipótesis: la obsesión erótica está bien vista y las personas que más fantasean con el sexo –en su investigación un hombre alcanzaba los 388 pensamientos diarios y una mujer, 280– alardean de ello. Para llevar a cabo su experimento utilizaron "contadores de clics". Se los dieron a 283 estudiantes universitarios divididos en tres grupos y les pidieron que presionaran y registraran cada vez que pensaran en sexo, comida o sueño. En el estudio, el hombre promedio tenía 19 pensamientos sobre sexo al día. Una cifra mayor que la de las mujeres, que registraban aproximadamente 10 pensamientos al día.

Sin embargo, los hombres también tenían más pensamientos sobre la comida y el sueño, lo que sugiere que quizá ellos son más propensos a tener impulsos placenteros en general. En todo caso, concluía Fisher, tener la mente ocupada con el erotismo y hablarlo en público se suele relacionar, falsamente, con una intensa vida sexual. No ocurre así, por ejemplo, con la comida o el sueño, dos necesidades básicas que ocupan buena parte de nuestra vida mental y de las que normalmente no nos vanagloriamos.

Consecuencias de la abstinencia sexual no deseada

Mantener relaciones sexuales a menudo tiene una gran cantidad de beneficios para nuestra salud como ya hemos podido ver anteriormente. Pero, ¿qué pasa cuando pasamos largas temporadas sin practicar sexo sin ser nuestra propia elección?



Un estudio llevado a cabo por el Royal Infirmary de Edimburgo (Reino Unido) puso de manifiesto que practicar relaciones sexuales tres veces por semana es una buena forma de rejuvenecer nuestro organismo, ya que nos hace aparentar entre 7 y 12 años menos.



Sin embargo, a pesar de que la actividad sexual puede ser variable, la abstinencia o no empleo de los genitales en la actividad sexual, puede revelar debilidades de la personalidad, ya que, el ayuno sexual puede aumentar por ejemplo, el riesgo de depresión y empeorar la autoestima.



De todas formas, si la abstinencia se produce motu proprio, por viudez, enfermedad o elección personal, y no por cualquier otro motivo (miedo, inseguridad...), no provoca ninguna consecuencia negativa.



Tanto las mujeres como los hombres, tras períodos de tiempo largos sin practicar sexo, tienden a dudar de su “eficacia sexual” y pueden sentir miedo de cara a la penetración tras el periodo de abstinencia. Sin embargo, se trata de una batalla meramente psicológica que con caricias, masajes y besos puede resolverse de cara a no tener dificultades para lubricar ni a sentir dolor durante el acto sexual.