viernes, 4 de marzo de 2016

Salir De Fiesta Teniendo Pareja: Así Lo Viven Ellos Y Ellas

Te pasas la vida dándolo todo cada fin de semanas con el grupo de amigos hasta que un día conoces a alguien y desapareces de la faz de la Tierra. Los colegas se sienten despreciados como calcetines sucios y hasta el segurata de la discoteca de turno pregunta si te ha pasado algo. Pero estar en pareja no es sinónimo de enclaustrarse en el sofá con la manta, ni salir de fiesta teniendo pareja lleva intrínseca la infidelidad. Dos redactores de Código Nuevo se plantean este tema-crucial-de-nuestra-generación desde ambos puntos de vista.

Ellos: Los temidos cuernos

Hay mujeres que se piensan que si salimos de fiesta vamos a tirarnos a otra sí o sí, o que si nos cogemos un pedo del 27 (el del 15 se me queda corto) nos vamos a olvidar de todo lo que sentimos por la otra persona. Os aseguro que de eso no nos olvidamos. Seguramente no recordemos las mil locuras que hicimos anoche, pero poner los cuernos con la excusa de “iba muy ciego”, no sé a los demás, pero a mí no me sirve.


Ellas: Llevar un cartel en la frente

La que tiene novio y sale de fiesta, sabe como manejarse para ser fiel sin tener que ser como los veganos (que si no dicen que lo son durante 5 minutos, explotan). Si tiene que estar recordando constantemente que tiene novio, una de dos: o no sale nunca y tiene miedo de toda cosa viviente que se le acerque, o le ha costado tanto encontrar novio, que se recrea. Pues no. Es posible tener novio, salir de fiesta y no tener que recordarlo cada vez que alguien te pide un cigarro.



Ellos: En la discoteca

Cuando ya estamos in situ, después de haber estado bebiendo en casa de alguno de los colegas, la verdad es que vamos tan borrachos que no tiene ningún sentido nada de lo que hacemos, perreamos hombre contra hombre (y esto no es nada gay que lo sepáis, es amor fraternal), nos apoyamos en la barra a tocar el violín con la visa hasta que en el datáfono junto al precio de la ronda pone: “VAS A ESTAR COMIENDO ARROZ CON TOMATE UNA SEMANA”, y otras locuras como robar cubatas, o subirnos en un podium así porque sí.



Ellas: Cuando te invitan a una copa

Tienes dos opciones: aceptar la copa mientras le dices al tío que, lleva una camiseta igualita que la que le regalaste a tu novio en Navidad o directamente no aceptar. Pero la verdad que en cuestión de copas gratis, no hace falta privarse por mucho que tengamos churri. Esto lo haces, porque tus amigas andan por ahí perreando y habías prometido darlo todo esa noche y te tienes que quedar hasta el final, porque aunque ellas hayan desaparecido nada más entrar, la que está desaparecida desde que tiene novio eres tú, así que tienes que aguantar el tipo.



Ellos: En definitiva

Si seguimos saliendo de fiesta es porque no queremos perder ese espíritu joven que en parte hizo que os enamorarais de nosotros y, si os soy sincero, la única diferencia a cuando estás soltero es que sí o sí cuando vuelvas, vas a tener a alguien en la cama, de la otra manera es muy probable que noche sí noche también, acabes comiéndote unos macarrones con tomate y haciéndote una paja antes de dormir.


Ellas: Conclusión

La mujer que sale de fiesta teniendo pareja, usa la noche como momento de baile con los amigos que tiene un poco abandonados entre semana, y además para ver si consigue que alguna se empareje y la empiece a comprender un poco en lugar de reprochar el empalague de la vida en pareja. Lo que jamás cambiará, es la cara de resaca con el maquillaje corrido, con la que nos levantamos al día siguiente. En la que en algunos casos, es mejor estar soltera y entera para que no tengáis que ver ese percal porque queremos que nos sigáis queriendo.

Déjate De Tonterías Y Si Te Gusta Díselo

Las estratagemas. Esas malditas estratagemas que todos hemos urdido cuando estábamos conociendo a alguien. Que si le he escrito y ha tardado en contestar, que si nos acostamos y ahora no me llama, que si le hablo ahora va a pensar que estoy desesperado… Al final se nos va la energía intentando esconder lo que sentimos, incluso el mero hecho de que tenemos sentimientos, todo para aparentar indiferencia, esa ansiada indiferencia.

Quedamos con alguien y lo pasamos bien. Nos reímos, la conversación fluye, tenemos cosas en común. Puede que incluso haya sexo de por medio. Hay compenetración. Pero nos volvemos a casa y nos hacemos los indiferentes, como si no nos hubiese importado. Nos da terror pensar que la otra persona no haya sentido lo mismo y que al ponerle nuestros sentimientos en bandeja, nos los aplaste como si fueran una vulgar cucarachilla.

En definitiva nos da miedo parecer vulnerables, que nos rechacen, que se nos enciendan las mejillas de la humillación, la vergüenza, el ridículo, que todo el mundo sepa que no fuimos suficiente para esa persona, porque de ahí deducimos que no valemos lo suficiente en general. Nos miramos en el espejo y nos decimos: “claro, cómo le voy a gustar si…” Y resbalamos por ese bucle machacón de la falta de autoestima.

¿Pero qué pasaría si nos quisiéramos a nosotros mismos? y el hecho de que a una persona no le hayamos gustado signifique solo eso, que no le hemos gustado y punto. Le presentaríamos nuestros sentimientos en bandeja y recibiríamos su negativa con una sonrisa, le daríamos las gracias por su sinceridad y nos iríamos por donde hemos venido. Evitaríamos este juego absurdo de “me das igual”, “pues tú a mí más”, de esconderte para que no te hagan daño, de herir al otro para que no te hieran a ti.

Además, si le dijéramos honesta y abiertamente a alguien “me lo he pasado muy bien contigo, me gustas y me gustaría volver a verte”, la otra persona, aunque no sienta lo mismo, tendrá tendencia a ser más considerada y a darnos una respuesta. En cambio si nos hacemos los indiferentes para que no crea que nos importa, pensará que realmente no nos importa y actuará con indiferencia haciéndonos daño sin darse cuenta.

Claro que todos hemos experimentado en este tipo de situaciones que cuando decidimos pasar página y dejamos de darle tanta atención a alguien, es precisamente cuando más caso nos hace a nosotros. Es humano y por eso se ha convertido en una frase hecha lo de que “nos damos cuenta de lo que tenemos cuando lo perdemos”. Pero, ¿no es una manera primitiva de interactuar? ¿No nos gustaría madurar emocionalmente y apreciar como se merece a la gente que tenemos a nuestro alrededor y nos quiere?

Tal vez la próxima vez que se nos haga un nudo en el estómago estando delante de una persona, en vez de esforzarnos por disimularlo, nos lancemos a la piscina y lo expresamos abiertamente. Independientemente de si hay agua o no, habremos ahorrado tiempo y energía, habremos sido auténticos y honestos y habremos dejado de fingir indiferencia, esa maldita indiferencia.

Eres Libre De Tus Actos, No De Sus Consecuencias


¡Cuántas personas quieren disfrutar de sus derechos sin cumplir primero sus deberes! La libertad, en concreto, es un derecho primordial, único e irrenunciable; pero ejercerlo requiere que tengas muy clara la responsabilidad que conlleva, porque cada acto tiene unas consecuencias, para ti y para los que te rodean.

A los jóvenes nos encanta hablar de libertad. Consciente o inconscientemente, buscamos romper con la generación anterior, encontrar nuestro sitio y cambiar el mundo. Propósitos muy loables, pero que pierden su legitimidad si, para conseguirlos, decides pasar por encima de todo y de todos.

Un ejemplo muy tonto pero que seguro que te suena: el típico vejete que cruza con el semáforo en rojo. Cuando los coches le pasan rozando y dando bocinazos, se da la vuelta indignadísimo y soltando tacos… ¿Es libre de cruzar en rojo? Claro que sí, pero luego no te quejes si te atropellan.


Lo malo no es que puedas quedarte tetrapléjico: lo malo es que el conductor puede perder la vida por intentar salvar la tuya. No sería el primer volantazo que acabase en tragedia.

La libertad supone elegir constantemente entre actuar o no hacerlo; tomar una entre muchas decisiones. Todas tienen sus consecuencias, y como las personas estamos entrelazadas por hilos invisibles, corres el riesgo de afectar a quienes amas. Es así, y no se puede escapar de ello. Eres libre de tus actos, no de sus consecuencias.

Y seamos sinceros: normalmente, a menos que seas un psicópata, sabes lo que es correcto y lo que no. Lo que está bien y lo que está mal. Quien se escuda en su libertad para defender sus actos, demuestra muy poca madurez.

¿Pero es acaso la libertad una carga? ¿Son las consecuencias, un castigo? Todo lo contrario: la libertad es uno de los mayores dones que posees y las consecuencias, la prueba de que puedes moldear tu destino. La responsabilidad es tan solo una de las muchas nociones que adquirimos al crecer, pero es eso precisamente lo que te hará dueño de tu vida.

En el momento en que entiendas que cada consecuencia es obra de una causa, de un acto, tal vez le encuentres sentido a lo que haces. Y cuando uno tiene un sentido, vive con mucha más intensidad, con más alegría y con mayor autoestima (no en vano es uno de los famosos seis pilares de Nathaniel Branden).

Ser libre supone ser responsable, y eso es algo muy motivador, como cuando te asignan nuevas tareas en el trabajo o te piden cuidar de tu sobrino, porque sabes que lo que estás haciendo es muy importante. Por eso, estamos seguros de que romperás con la generación precedente, de que encontrarás tu sitio, y de que cambiarás el mundo.

Tienes libertad para ello. Solo tienes que aceptar las consecuencias, que van a ser muy positivas.

lunes, 22 de febrero de 2016

El Amor Es Una Certeza Llena De Dudas

¿Si está resultando muy complicado es que no tiene que ser? Todos hemos tenido en algún momento la necesidad de preguntarnos a dónde va nuestra relación y si realmente hemos elegido bien. Dudar nos ayuda a no apalancarnos ni darlo todo por seguro, y así volver a elegir lo que queremos cada día, para que la relación sea auténtica de verdad.

“En todas las actividades es saludable, de vez en cuando, poner un signo de interrogación sobre aquellas cosas que por mucho tiempo se han dado como seguras” Bertrand Russell
El problema es cuando no hallamos la respuesta que buscamos, y nos bloqueamos en la duda por falta de una certeza. Estaría muy bien por una parte poder ir al médico y preguntar “¿doctor, qué tengo? ¿estoy enamorado?”. Sería muy cómodo y práctico, pero en realidad es mucho más emocionante vivir la experiencia de enamorarse sin ningún diagnóstico, ni radiografías, ni recetas médicas. El amor no se mide ni en kilos, ni en euros ni en píxeles; ni atiende a razones, porque cuando estás enamorado simplemente lo sabes.

“Cuando estás enamorado, simplemente lo sabes”
Lo que pasa es que a veces las dudas no vienen de que haya un problema real en la relación, sino de nuestra mala costumbre de dudar de todo, de pensar demasiado y darle mil vueltas a las cosas. Por ejemplo, si hay unos días en que estamos muy cansados del trabajo y no tenemos ganas de pasar la noche más loca de la historia, eso no significa que no estemos enamorados, sino que la idea que tenemos del enamoramiento es demasiado simple.

Enamorados o no, somos humanos y tenemos días más eufóricos y otros más tristes. Es normal que haya épocas de menos sexo, o días de menos besos. Lo raro sería estar siempre al cien por cien sin ninguna discusión, diferencia ni altibajo. Precisamente es buena señal si hay las discusiones justas y los días de menos intensidad amorosa, porque eso hace más auténticos los momentos buenos, y además es la única manera de que la relación sea viable a largo plazo.

Dudar es normal, pero la pregunta es qué hacemos con nuestras dudas; si las convertimos en una oportunidad o nos bloqueamos en demasiadas teorías, miedos, recuerdos del pasado o prejuicios. Preguntarte si estás enamorado no significa que no lo estés, pero la cuestión es que cada vez que te paras a preguntarte, consumes tu energía en pensar, sopesar y analizar, y la pierdes para disfrutar con el otro, quererle y conocerle.

Las respuestas en la vida casi nunca se obtienen pensando, sino actuando y viviendo. Solo la vida puede ser la gran escuela en la que descubramos si estamos enamorados o no. Si la relación tenía que prosperar, lo hará; y si algún día se termina por el transcurso de los hechos, es porque era mejor así y en el horizonte nos esperaba algo mucho mejor.

He Conocido A Alguien, Soy Yo. Voy A Darme Una Oportunidad

Hay personas que pasan por nuestra vida que son heridas, algunas desde el principio hasta el final, y yo necesitaba dejar de buscar la cura y pasar a la acción. Salir de lo tóxico y dibujarme como la mujer libre que llevo toda mi vida pidiendo a gritos ser.

Lo nuestro era una ausencia de aquellas risas haciéndome cosquillas en el corazón, que hacía ya demasiado tiempo que se quedaron calladas. Tras mucho intentarlo, pocos resultados y algo de indecisión entendí que la estabilidad era que sucediera con naturalidad lo inestable; y toda ‘yo’ quedé en equilibrio. No pretendía encajar de nuevo, querer ganarse a alguien implica perderse y necesitaba encontrarme. Buscar una relación puede ser tan excitante como vandálico así que he decidido romper con todo menos conmigo misma. Romper puede ser un verbo transformador, de esos que quiebran y lo destrozan todo a su paso. Por eso me quedo rota para recomponer mis pedazos sola. No quiero que venga nadie a ayudarme. No lo necesito.

Discutir conmigo misma es una de mis facetas favoritas como novata en el asunto, y prepararme el desayuno, y darme crema después de la ducha, e incluso darme las buenas noches. No me asusta, me cautiva la idea de reconocerme oxigenada de lo que evitaba por miedo, por ego o por simple comodidad. No encajo porque lo veo todo diferente. No me gustan las reglas y quiero estar francamente en sintonía con esta parte de mí que no he tenido tiempo ni ganas de conocer hasta ahora. Relax, espacio, soledad buscada. Amor mío, no tuyo.

Me siento segura y disfruto de mi propia compañía

Es difícil ser soltera por convicción, se ve mal. -¡Qué dirán de mí!- Burlar el placer contra los prejuicios que abundan y darme permiso a la soltería, esquivando a propósito las innumerables ocasiones de ligar o follar, es una odisea que pasa por bloquear alternativas tan banales y vacías como registrarme en Tinder o Happn. Por no mencionar el bombardeo diario de mis amigas insistiendo en construir de nuevo un colchoncito cómodo de pareja que enmarque mi vida sentimental en lo correcto. Basta. Se me revuelven las tripas y se me alteran los sesos.

Mi diosa interior ha salido para ligar conmigo, a solas. Y es maravilloso.



Se puede vivir sin pretendientes, sin Whatsapp echando humo, sin dudas, sin un síndrome de abstinencia que controle todas las decisiones. Qué íntimo. Qué libertad, que abandono más mío, más buscado. Si eliminar la preocupación de mi futuro sentimental como mujer, como futura madre, como posible esposa o como compañera me convierte en rara poco me importa; cuando se trata de gustarme a mi misma por encima del poderoso titán de la sociedad y sus absurdas reglas de vida.

A mi me hace libre leer, viajar, dejar el abrigo en el perchero cuando entro en casa, tomar un café, escuchar el sonido de la cotidianeidad, el sushi, los domingos nublados acompañados de una buena peli, el color menta, el mar, caminar sobre la hierba, el olor a ropa limpia, el sonido de mis tacones, tumbarme en la cama, el primer sorbito de una coca-cola con hielo y limón, hablar con un anciano, un masaje, ver el culo que me hacen esos vaqueros, las camisetas básicas con un mensaje alentador que consigue que, más que te miren el pecho, te lean el alma; tener un lapsus y recordar algo que hacía de pequeña, gritar en un valle que haga eco, los regalos envueltos en papel craft y tantas cosas más que no pasan por masturbarme ni menospreciar mi condición de soltera y entera. Asumo que estoy sola y estoy bien.

Por Qué Hacer El Interrail Puede Cambiarte La Vida

“Hay un tren, no permitas que se te escape. 
No dejes que vaya sin ti. 
Sólo súbete a él”

Con estas palabras del mítico grupo de finales de los 90’s, Undrop, puede uno resumir perfectamente el único pensamiento válido antes de hacer un Interrail. La experiencia de subirse a un tren desconocido es algo que, irremediablemente, te marca y lo hace para siempre.

Fluyes por las arterias de Europa

Porque hacer las maletas en busca de lo desconocido es un dejarse llevar. Un destino y un azar en el que solo viajáis tú y tu intuición, recorriendo mundo, descubriendo rincones, queriendo muy fuerte derrumbar de un plumazo miedos y rutinas en cada uno de los países donde tus pies aterricen.



Es salvaje

La forma más auténtica de viajar es hacerlo ardiendo de ganas. Hay muchas formas, pero sin duda, la más auténtica, la que más te ayuda a conocerte y la que más te hace crecer es hacerlo en solitario. Vagar sin rumbo, sin destino, sin ideas preconcebidas. Es romper tu status-quo, con tu día a día, con el caos que abofetea nuestras vidas cuando buceamos en una eterna rutina.



Solo necesitas una mochila

Al interrail no se va con la moda puesta. No necesitas maquillaje, ni secadores, ni tus mejores galas. En mi caso, cuando empecé el recorrido no tenía más compañía que la que me cabía en la mochila. Mi pequeña maleta llena de mapas, mis libros y yo. Fuimos compañeros inseparables y recorrimos durante más de un mes toda Europa. Y  de verdad, no necesité nada porque lo tenía todo.

Descubres un mundo que no conocías

Creéme que cuando empiezas el camino ya nada vuelve a ser igual. Ni siquiera la forma en la que concibes el mundo en el que vives. Recorres Europa y piensas, ¿dónde estuvo todo esto antes y por qué no quise estar aquí? Desdibujarte en los zocos de los bazares de Turquía, coronarte en los altos picos del círculo polar a la caza de Auroras boreales, perseguir los últimos gritos de la Rusia Soviética en los países del Europa del Este con sus mágicos balnearios y sus sórdidas tabernas ancladas en las remotas décadas del siglo XX. Todo es mágico. Todo suma. Todo cuenta.



Disfrutarás de las mejores reflexiones de tu vida

Que puede que siempre estuvieran ahí pero nunca te tomaste el tiempo de pensar en ellas. El interrail es una carta abierta al universo. Un juego de serendipias y casualidades. Llegar a una estación y preguntar la próxima salida, decidiendo en ese momento tu próximo paso, te hace reflexionar sobre lo planificada y encorsetada que están nuestras vidas. Vivir  libre y sin destino es algo maravilloso que hay que experimentar al menos una vez.



Los destinos se cruzarán (y se separarán)

Esto es lo más increíble de todo. Viajar solo, si te animas a hacerlo, significa conocer cientos de viajeros que al igual que tú esperarán encontrar un compañero con el que continuar el viaje. Los destinos se cruzan y se separan precisamente por eso. Conocer gente nueva, reencontrarse, despedirse. Pequeños momentos intensos que al final son una pequeña alegoría de lo que es la vida. Y aquí, es duro, pero aprendes a despedirte cientos de veces y aún así saber que en cada despedida hay un nuevo comienzo.



Mi recomendación queda clara: no te lo pienses. Solo hazlo. Es la mejor inversión que podrás hacerte nunca.

Todas Las Formas De Amor Implican Compromiso

Se acaba de celebrar San Valentín, la mayor exaltación del amor en nuestro país y parte del extranjero. Pero este día se reserva únicamente a las parejas, cuando la realidad es que el amor se puede presentar ante nosotros en multitud de formas. Como dice la tercera acepción del diccionario de la RAE, el amor también es el “sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo”. Digámoslo claro, enamorarse de “algo”, ya sea un grupo de música, un estilo arquitectónico o un equipo de fútbol puede ser tan especial como hacerlo de otra persona.

Las sensaciones son distintas, sí, pero igual de satisfactorias a su manera. Y pocos amores hay tan intensos como el que un país puede llegar a sentir por su selección de fútbol. Mucha gente no entiende las emociones relacionadas con el deporte rey, y como no las entienden, las ningunean con aquello de “si es sólo fútbol, será que no hay cosas importantes para preocuparse”. Pero es solo porque no sintieron el éxtasis del gol de Iniesta en Sudáfrica, ni la amargura que dejaron el codazo de Tassotti o el arbitraje de Al-Ghandour, como tampoco esa sensación de compromiso y hermanamiento con todos y cada uno de los aficionados que comparten esos 90 minutos contigo.

Porque La Roja es lo único que consigue que todos los españoles se pongan de acuerdo sea cual sea su opinión política, sus intereses o su edad. Cuando se trata de la selección, cualquier persona es un potencial amigo con el que celebrar o consolarse, con el que debatir, con el que disfrutar o con el que sufrir. Digan lo que digan, este sin duda es una de las formas más puras de amor, porque implica un compromiso que va mucho más allá de cualquier otra cosa.



Todo esto es muy bonito, pero una de las razones por las que la Roja ha llegado a ser este símbolo, es porque está asentada sobre unos fuertes pilares que la patrocinan, entre ellos Pelayo, que es la Aseguradora oficial de la selección. ¿Aseguraqueee? Sí hombre, eso que contratan tus padres por si tienen un incendio en casa, un accidente con el coche y todas esas cosas de las que a ti también te tocará ocuparte dentro de poco. Y cuando lo hagas supongo que preferirás irte a un sitio en el que te traten de tú a tú y donde sepas que puedes contar con ellos, que te sacarán de cualquier embrollo (que hayas contratado) y no te dejarán tirado con cualquier excusa. Por eso decíamos lo del compromiso. El mismo que tienen con la selección lo tendrán contigo.