jueves, 26 de febrero de 2015

Mamá, Ojalá No Me Hubieras Dicho Que Era Guapa

Me resulta imposible recordar la primera vez que me miré al espejo y no me gustó lo que veía. No sé si fue un momento concreto o algo progresivo que poco a poco fue calando en mí, pero tengo claro que aún era una niña muy pequeña cuando mi imagen empezó a ser un problema.

Está claro que este tipo de preocupaciones ni a todos nos llegan a la misma edad ni nos afectan al mismo nivel, pero es demasiado frecuente que las primeras inseguridades y complejos empiecen a aflorar cuando no somos más que unos críos. Los niños del colegio podían llamarte feo, gordo o cuatro ojos, pero tu madre y tu padre siempre iban a decirte que eras el niño más guapo del mundo. Y cada día tengo más dudas de si eso fue un error.

Realmente, esas palabras de nuestros padres no eran una solución a nuestros complejos, eran solo un parche para taparlos durante un rato. Cuando papá y mamá nos decían que no nos teníamos que preocupar, que éramos guapos, estaban confirmándonos que esas eran las reglas del juego: que para triunfar, para gustar, para ser alguien que se merece lo mejor de lo mejor tenemos que ser agradables a la vista. Con su mejor intención, tratando que nos sintiéramos bien, en realidad nos estaban enseñando a querernos por lo que desde fuera los demás ven de nosotros. A que nuestra autoestima dependa en gran medida de que encajemos o no en la plantilla de lo que se ha acordado que es bello y lo que no.

Me encantaría poder ver qué tipo de personas seríamos ahora si la respuesta de nuestros padres a si somos guapos hubiese sido “Eso no importa”. Si realmente con ello hubieran conseguido que nos creyéramos que nadie es mejor que nadie por como se es por fuera, que eso solo lo determina lo que va por dentro y que nadie se merece que lo traten mejor o peor por su aspecto. Cuánto más felices hubiéramos sido tirándonos a la piscina ese día que nos dio demasiada vergüenza quitarnos la ropa delante de los demás, si nos hubiéramos atrevido a hablarle a aquella persona que era “demasiado guapa para nosotros” o si nos hubiese dado igual quedar con esa otra que nos gustaba muchísimo pero que todo el mundo consideraba muy fea. Cuánto tiempo del que desperdiciamos lamentándonos delante del espejo hubiéramos tenido para disfrutar de todas las cosas que sí importan.

Me encantaría saber si con ese cambio de perspectiva de nuestros padres nosotros ahora seríamos capaces de responder a quien trate de herir nuestros sentimientos llamándonos feos con un muy sincero “Me la suda”.

16 Cosas Que Describen La Etapa De Indecisión De Los Veintitantos

Afrontar los años que nos esperan tras la Facultad a veces puede convertirse en uno de los retos más difíciles de todo veinteañero. Se trata de una etapa de dudas y de inestabilidad en la que se supone que te estás forjando una carrera (si no estás aún a la búsqueda de una), navegando entre un inmenso mar de posibilidades y a la hora de enfrentarte al complicado mundo laboral, preguntándote si no te equivocaste al elegir tus estudios en la Universidad.

Al mismo tiempo, estás intentando madurar. Cambiar tu vestuario de universitario por la ropa de adulto, dejando atrás los jeans, las sudaderas y las playeras, sustituyéndolas por americanas, trajes y tacones. Saber llevar una casa y convertirte en una auténtica cocinillas, al tiempo en que sigues metiendo la cuchara en el bote de Nocilla o tiendes la ropa en perchas para no tener que planchar.

Por otro lado, tu existencia está en constante contradicción con tus expectativas. Por un lado, te sientes adulta e independiente, pero prácticamente no tienes dinero para mantenerte a ti mismo. Te gustaría sentar cabeza y encontrar a tu alma gemela, y sin embargo no te apetece tener una segunda cita con ninguno de los tíos con los que has salido. Quieres una relación estable, pero todos los hombres que conoces se comportan como niños, y los que se comportan como adultos son o van a ser papás.

Dices que quieres estabilidad y construir un futuro, pero tus actos no pueden más que contradecir toda tu palabrería. Es una lucha constante entre el ser adulto y la juventud, sinónimo de espíritu libre. El pulso entre la responsabilidad y la irresponsabilidad, la vida libre de preocupaciones. Te encuentras en un momento que es como si solo te quedara un paso para llegar a la meta, pero no pudieras o no te atrevieras a darlo.

¿Cuando crecerás finalmente? ¿Cuándo darás el paso? ¿Quizás el día que cumplas 30? Ojalá lo supiéramos, pero mientras tanto hay una serie de cosas que definen perfectamente la fase que estás viviendo:

1. Quieres salir, beber y llegar a casa con el amanecer, pero no te apetece tener resaca al día siguiente.

2. Te levantas a las 6 y media de la mañana porque “a quien madruga, Dios le ayuda”, pero, cuando llegas a casa después del trabajo te vas a dormir sin ni siquiera cenar.

3. Quieres quedar con todos tus viejos amigos, pero no tienes suficiente tiempo libre ni dinero para ir a visitarlos.

4. Quieres vivir por tu cuenta, pero no tienes suficiente dinero, así que no te queda otra que compartir piso.

5.  Quieres que te respeten, pero sigues cometiendo los mismos errores.

6. Quieres enamorarte y tener una relación estable, pero a la vez te gusta saber que tienes otras opciones.

7. Quieres llevar una dieta sana y equilibrada, pero ni tienes tiempo, ni ganas de cocinar.

8. Quieres conseguir el trabajo de tus sueños, pero no tienes experiencia suficiente.

9. Estás contento porque tienes un sueldo real, pero casi todo se te va pagando el alquiler, préstamos y el transporte público.

10. Quieres tener todo el dinero del mundo, pero a la vez quieres vivir como si no lo necesitaras.

11. Quieres ahorrar dinero, pero a la vez quieres acumular experiencias.

12. Quieres llevar una vida saludable, pero te encanta comer y beber.

13. Quieres conocer a mucha gente nueva, pero no quieres salir de tu zona de confort, ni del sofá los sábados.

14. Te encanta todo, pero realmente no sabes lo que te gusta.

15. Quieres echar raíces en un lugar, pero no quieres dejar de ver mundo.

16. Dices que estás preparado para ser adulto, pero es un papel que aún te viene demasiado grande.

17 Tipos De Ex Que Podrás Tener En Tu Vida

Los ex, sí, esas personas que pertenecen a tu pasado… aquellos que odiamos porque nos hicieron sufrir, al que evitamos porque fuimos nosotros los que nos portamos mal, aquel que nos acosa sin descanso, o el que se convirtió en tu mejor amigo. Pero entre estos, podemos encontrar distintas subespecies:

Ex vergüenza ajena
Sí, esa persona que te hace preguntarte: “¿En qué estaba pensando? No te gusta como viste, ni lo que escribe en Facebook, e incluso cuando ves sus fotos nuevas piensas: ¿qué coño hacía yo con eso?
Ex políticamente correcto
Nunca olvida una fecha, siempre llama por tu cumpleaños, el de tu madre o el del perro, navidades y años nuevos. No perdona la mítica “te deseo lo mejor”.

Ex transformer
De oruga a mariposa; lo ves por la calle y ni lo reconoces. Es más, cuando te hable creerás que no lo conoces en absoluto.

Ex “preséntame una amiga/o”
No ha entendido el significado de la palabra “ex” y jamás lo entenderá. Si no lo aguantabas como pareja, cómo vas a aguantarlo de novio/a de tu amiga. Por favor…

El paño de lágrimas
¿En qué momento te has puesto un letrero que dice “me interesan tus problemas”? Es ese ex que tiene crisis emocionales inexistentes que precisamente tú tienes que solucionar. Claro que sí, campeón.
Ex lapa
Este es el ex que está dispuesto a ser nuestro compañero incondicional con tal de vernos y estar a nuestro lado. Es al que llamamos cuando nos peleamos con nuestro novio para usarlo como “venganza”, pero la realidad es que no nos atrae ni un poco.

Ex “bestfri”
Con este tuvimos una relación muy importante. Vivimos muchísimas cosas juntos, conocimos nuestras virtudes y defectos, y aún hay atracción sexual, pero follar, lo que se dice follar, pues no.

Ex The observer
Este individuo no nos ha superado, obviamente. Su vida gira en torno a lo que publicamos en las redes sociales. Su día no tiene sentido sin antes entrar a nuestro perfil de Facebook y ver qué novedades hemos puesto. Sabe más de ti que tú mismo. Lo más freak del asunto es que te dice cosas como: “El otro día te saludé por el chat y no contestaste, quiero suponer que tenías un mal día”. Lo que él no sabe es que el mojón que acabas de plantar te importa más que él.
Ex Gollum
La última vez que lo vimos era una persona muy atractiva; pasaron algunos años, dejamos de verlo, y cuando nos lo volvimos a encontrar… resulta que ahora es una albóndiga; es más, hasta se ha vuelto gangoso.

Ex modelo
No hay nada que joda más que encontrarte con este tipo de ex. No era el más agraciado ni nada del otro mundo; ahora tiene pasta, es atractivo y te pone muy cachondo/a. No sabes si echar a correr o follártelo ahí mismo.
Ex Más perdido que la mamá de Marco
Como por arte de magia, se esfuma del planeta Tierra. No volvemos a saber de él nunca más. Alguna vez lo buscamos en las redes sociales pero no lo encontramos, no tenemos su teléfono y jamás tuvimos amigos en común.

Ex Voldemort
“El que no debe ser nombrado”. Ese que nos hizo tanto daño que ni siquiera podemos soportar oír su nombre.

Ex Superman
Desde que la relación terminó, se convirtió en todo un héroe para tu familia, todos lo mencionan en algún evento, reunión, etc. Vamos, la putada de la comida familiar del domingo.
Ex Gato negro
Verlo, oír su nombre o encontrarse casualmente con una prenda suya, da mala suerte. La vida transcurre lenta y agradable, hasta que algún indicio de su persona confirma el mal agüero.

Ex borracho
Esta persona tan pesada solo envía mensajes los fines de semana entre las 5 y las 7. Sus “te quiero” y “te echo de menos” podemos traducirlos en: “no me he comido un rosco y quiero echar un polvo”.

Ex Boomerang
Este, llamémoslo ser, aparece cuando mejor te va, cuando ya lo has superado y te gusta alguien nuevo. Pues sí, viene preparado y listo para tocarte bien los cojones.
Ex Danet
De repente aparece de la nada y… ¿Repetimos? Vas a caer, y lo sabes.

50 Cosas Con Más Violencia Que Cualquier Polvo En La Película De 50 Sombras De Grey

Sí, la hemos visto. Cerramos los ojos fuerte, respiramos hondo, pagamos los 9 eurazos y allá que nos fuimos firmes y decididos a explotar de sexo. Queríamos derrochar sexo, lamer sexo, ver sexo, crear sexo, disfrutar sexo, pero la película es al sexo lo que tu abuela a ponerse el final de Lost en seriesly. Cero. Y aunque prometemos que fuimos sin prejuicios, libres, sanos de opiniones y con un pasado limpio de expectativas, la verdad fue tan dura que solo se nos ocurre celebrarlo con una educativa y reflexiva comparación. Porque, ¿qué puede haber más gore comparado a cualquier polvo en 50 Sombras de Grey? Cualquier cosa, por ejemplo:

1. Marco intentando encontrar a su madre.

2. Ver que te queda un 1% de batería.

3. Y no tener a mano el cargador cuando eso ocurre.

4. Alguien sin camiseta en una foto de Badoo.

5. Cualquier polvo polite con tu pareja.

6. Que te contesten con un insípido y triste ‘OK’. Ven, abracémonos.
7. Una manifestación de gatitos reivindicando calorcito humano.

8. Kanye West en los Grammy.

9. Un contrato de becario.

10. El periodo de prueba antes de un contrato normal.

11. Que se te quede una migajilla de pan en la garganta.

12. El momento en el que pierdes tu dignidad porque alguien te dice que tienes un moco.
13. Un libro de Paulo Coelho.

14. Pedro Sánchez hablando de ‘Podemos’.

15. El final de ‘Cuando Harry encontró a Sally’.

16. Un sorbo de Frenadol.

17. Los documentales de La 2.
18. La postura del Misionero.

19. La lista de espera de la Seguridad Social.

20. El grito de Cristiano Ronaldo recogiendo el Balón de Oro.

21. Dar un Like en una foto de Instagram cuando lo único que querías era hacer zoom.
22. Hacerse sangre al rascarse la herida de un mosquito.

23. Tu madre preguntándote si has recogido tu habitación.

24. Tu madre cuando le dices que no.
25. También tu madre cuando le pisas lo ‘fregao’.

26. Encontrarte a tu ex justo el día en el que vas hecho un trapo.
27. El Chiringuito de Jugones. Eso sí que es violencia.

28. El ‘IVA de los chuches’ de Rajoy.

29. Mezclar cerveza, ron y whisky una misma noche.

30.Un “ya te llamaré”. Ehm, ¿cómo?
31. Belén Esteban situando las Islas Caimán en un mapa.

32. Cualquier párrafo de cualquier libro de Dostoievski.

33. Montar un mueble de Ikea.

34.  Sobreponerse a un doble check en Whatsapp de mensaje no contestado.
35. 15 notificaciones en Facebook para jugar al puto Candy Crush.

36. El videojuego donde Mahoma se folla a un cerdo.

37. Sacar un 10 en el examen cuando antes dijiste que no habías estudiado.

38. Que te estén grabando mientras tú crees que solo te están haciendo una foto. Violencia máxima.
39. Un pelo en la boca.

40. Una clase de matemáticas en primero de Primaria.

41. Cualquier programa de Jorge Javier Vázquez.
42. Las leyes de Wert o Wert en sí mismo.

43. El menú vomitivo del que fue tu colegio.

44. Ver a alguien con una sudadera de Lonsdale.
45. Cuando a Bambie se le muere mamá.

46. Cualquier polvo, de los malos, con quien sea.

47. Pisar una mierda.

48. Cuando alguien te saluda de lejos y no tienes ni idea de quién es.
49. Las Rebajas de El Corte Inglés.

50. Gastarte los 9 euros viendo la película 50 Sombras de Grey. 

Cosas Que Hacen Los Hombres Que Cabrean Mucho A Las Mujeres

A las mujeres nos encanta tener hombres en nuestra vida. Nos gusta que nos presten atención y estén pendientes de nosotras, que sean cariñosos pero a la vez viriles, y también que actúen como machos alfa para intentar protegernos cuando sea preciso. Sin embargo, en ocasiones son capaces de comportarse de una forma tan primitiva que nos hacen plantearnos seriamente qué coño hacemos con ellos y llorar porque no nos gustan las mujeres.

Que tonteéis con otras en nuestra cara
Nos gustaría que no lo hicierais nunca, pero siendo realistas, a todos nos gusta que nos bailen el agua alguna vez. Pero que vayáis de nuestra mano echando miraditas a cualquiera que se os cruza, pues como que no. Con razón os merecéis que os castiguemos SIN SEXO.
Que os rasquéis los huevos en público
En serio, ¿por qué siempre os tocáis el paquete en público? ¿Acaso vuestro ligue de la noche anterior os ha pegado algo, o tenéis la manía de recolocaros el paquete antes de cruzar el paso de cebra como un fetiche personal generalizado?

Que os pongáis en plan “Drama Queen”
Luego dicen que nosotras somos expertas en hacer una montaña de un granito de arena, pero prueba a decirle a tu novio nuevo que estuviste saliendo con tu compañero de clase y verás…
Que estén con nosotras y no dejen el móvil
Encima que tengo poco tiempo y aun así saco un hueco para pasarlo contigo tomando un café, no eres capaz de mirarme a los ojos en vez de a tu WhatsApp. Deja de mirar el móvil si no quieres que sufra un accidente como, por ejemplo, no sé, que te lo coja y lo estampe contra el suelo o que misteriosamente acabe dentro del wc.

Que os pongáis cariñosos en los momentos y lugares más inoportunos
Qué manía con las exhibiciones de cariño en público… Una cosa es que me des un abrazo mientras paseamos por la calle y otra bien distinta es que me metas la lengua en la barra del bar cuando el camarero me está preguntando qué me apetece tomar.
Que siempre que nos pasa algo lo reduzcan al síndrome premenstrual
O a la menstruación o a cualquier alteración hormonal. No, cariño, lo que me cabrea es que los calzoncillos que te dije que recogieras hace una semana sigan en el mismo lugar criando nueva flora y fauna en nuestro piso.
Que intenten arreglarlo todo con sexo
Si he suspendido un examen, no se me va a pasar follando; si me han despedido, no significa que vaya a tener más tiempo libre para follar contigo; si se te ha olvidado mi cumpleaños, no intentes arreglarlo con “sexo de cumpleaños”. En serio, o volveremos a castigaros sin vuestra cosa favorita: sexo.

Que no bajen la tapa del váter
Seguro que vuestra madre os lo repetía una y otra vez: “Deja las cosas como te las has encontrado”. ¿Por qué coño después de 30 años seguís sin hacerle caso?
Quejarse porque tardamos en arreglarnos
En vez de decirnos lo guapas que estamos. Luego bien que les gusta presumir cuando nos presentan ante los amigos o ante sus familias…

Su concepción de los cinco minutos
“Sí, cariño, ha sido un polvo genial”.  No, en cinco minutos no se puede satisfacer a una mujer.

7 Maneras De Tratar Con Gente Tóxica

Las relaciones humanas son la clave que determina nuestras vidas. Somos lo que somos dependiendo de quién nos rodea, de las etapas que pasamos y sobre todo de las personas con las que compartimos esos momentos. Pueden variar, volver, irse, desaparecer o permanecer siempre a tu lado, pero siempre dejan huella.

Eso sí, hay formas y formas de marcar en los demás, y por desgracia no siempre llueve a gusto de todos. Sí, hay gente insoportable y tienes que aguantarte. Pero, por suerte, la historia de la humanidad nos ha dejado unas cuantas reglas básicas de supervivencia en caso de que llegue ‘el pesado o pesada de turno’ a tocarte la moral.

Ellos son lo que comúnmente conocemos como gente tóxica. Un repelente maravilloso que transmite todo tipo de energías negativas y explora nuevas maneras de convertirse en virus (de cualquier tipo). Pero podéis estar tranquilos, queridos mileniales, no hay mal que por bien no venga.

Aquí tenéis las 7 maneras de llevar lo mejor posible vuestra obligada ‘convivencia’ con los tóxicos de este planeta:

1. Déjales volar
No pretendas que cambien. Deja que la toxicidad baje poco a poco (si es que baja). Lo importante es que no capten que pretendes modificar su comportamiento, porque la presión provoca un efecto rebote. Si perciben que vas a ‘tocarles’, reaccionarán fatal y se resistirán a cualquier tipo de relación normal. Hagas lo que hagas, ponte un poquito de chill out en las orejas y todo saldrá mucho mejor.

2. Porque tú lo vales
Grítatelo una y otra vez. No desesperes, lo bueno de ser mentes pensantes es que podemos decidir qué queremos y qué desechamos a nuestro alrededor (casi siempre). Tú eres el que realmente sabes qué te hace feliz, no dejes que invadan tu espacio con mala energía. Así que, atención, no debes flagelarte, no debes transformarte en ‘la niña del pozo’, pero deja las cosas claritas. Dile que deje de hablar de su novio cada 10 segundos, o que si lo hace lo haga en playback. No seas demasiado flexible, acabarás con los ojos en blanco y vomitando espuma por la boca. Pero, repito, hazlo con delicadeza (ya sabes, si bebes, no conduzcas).

3. Sal del bucle
Es inevitable la indignación precoz, incuso la ira absoluta e instantánea hacia esas personas molestas que te encuentras en tu día a día. Aun así, debes aprender a dejar un trozo de esa rabia para la oportunidad y para la compasión moderada. Cuando odias a alguien, odiar solo empeora las cosas. Reflexiona sobre el mal rollo en cuestión e intenta limar asperezas empezando por tu forma de enfocar las cosas. Solo así acabarás sobrellevando la espiral tóxica.

4. Su misión es tu misión
Sí, debes mirar su papel en el mundo como una peli en la que se suceden los giros de guion inseperados pero que tiene un grandioso final feliz. Los tóxicos son enviados del señor que, por mucho que pretendan abducirte, no hacen otra cosa que hacerte crecer como persona. Las hostias en la vida son fundamentales (o eso dicen). Quizás así todo tenga más sentido para ti.

5. No seas su osito de peluche
Una cosa es que juguéis juntos en el trabajo, y otra que jueguen con tus emociones. Intenta no acercarte demasiado y no caerás en sus redes. Que no te afecte la negatividad, sabes que al fin y al cabo todo lo que sientas dependerá de ti. Una resupuesta inteligente (o indiferente) siempre saldrá victoriosa.

6. Abandona tus propios virus
Muchas veces nos creemos que estamos rodeados de gente tóxica, y la mayor parte de ellos solo son un reflejo de nosotros mismos. Antes de empezar a odiar al mundo, ‘escanéate’ un poco y mira en tu interior. Aún estás a tiempo de que todo lo que ocurra a tu alrededor sea parte de un macabro plan del mundo contra ti. Vacúnate primero.

7. Deja que fluyan…
No es fácil encontrarse, y muchos de esos seres tóxicos aún no han cumplido su ciclo emocional. No siempre es el momento para todos, la vida otorga un camino distinto para cada persona, por lo que cada uno lleva su propio ritmo. No intentes que crezcan cuando a ti te convenga, deja que todo fluya. Algún día lo entenderán todo (aunque solo sea la sinopsis).

sábado, 21 de febrero de 2015

El Amor También Es Odio

¿Cuál es la forma correcta de amar? Nadie lo sabe; todos nos creamos nuestras propias versiones sobre “lo que es amar” y muchas veces concluimos lo que significa según la conveniencia del momento. Escuchamos a otras personas, tomamos de ellas lo que nos gusta y descartamos lo que no y así armamos nuestra propia torta. Si nos lo estamos pasando bien, decimos que el amor es bonito; si nos colman la paciencia, decimos que el amor es una mierda.

La teoría que sostiene que el amor es siempre bonito es simplemente ridícula. Nos hace creer en una fantasía sobre perfección, risas y alegrías infinitas muy distantes de la realidad y de cómo es realmente la vida. Es mentira, no siempre estás bien aunque estés enamorado y compartiendo con la persona que dices amar porque, así como los días tienen sus momentos de oscuridad, el amor es igual. Creer en esta teoría es querer decepcionarse a cada rato y terminar creyendo que el amor es perversidad. Se dice que “quien te ama no te hace llorar”, lo cual es una verdadera tontería, pues hasta cuando lloras de tristeza por alguien, sea una pelea o un desacuerdo, descubres lo que es querer.

Otra teoría dice que el amor es un equilibrio. ¿Equilibrio de qué? Si nadie se pone a contar el número de alegrías y rabietas para concluir: “Bueno, llevo 50 y 50; ¡ay! Qué bello es este amor”. El amor no puede ser equilibrio porque no es un ejercicio matemático y, si lo fuera, nunca te va a cuadrar. Si no logramos conservar el equilibrio sobre nuestras propias emociones, no podemos pretender que al sumarlas con las de otra persona la cosa se va a equilibrar; eso es irracional.

Ahora bien, mi teoría es una locura y solo quienes estén locos la van a captar: yo sostengo que amar también es odiar. Porque no hay garantía de alegrías eternas y es hasta sano cuestionar la felicidad en busca de razones que la sostengan, aunque dudemos sobre si queremos o no continuar. Amar también es odiar porque existirán días que estaremos de mil ánimos para verla y otros días preferiremos soledad, lo cual es muy saludable si nos queremos equilibrar. Amar también es odiar porque cuando nos provoquen una rabieta es mentira que la queremos, lo que deseamos es que se vaya al demonio, aunque en poco tiempo eso volverá a cambiar y la empezaremos a extrañar. Amar también es odiar porque unos días caminaremos agarrados de la mano y todo alrededor nos parecerá ideal; sentiremos esa fantasía de la primera teoría pero sin duda que otros días eso cambiará.

Y esto es lo bueno de esa bipolaridad que es amar, porque si todas tus emociones, sean alegres o tristes, son para la misma persona, entonces abrázala, porque eso es amar.